lunes, 13 de julio de 2015

Hedwigan Vission. Capítulo 81

Buen lunes,  Hedwinianos! Espero que julio lo estéis pasando muy bien. Por aquí con la calor anda siendo bastante asfixiante la verdad, hacía años que no recordaba un julio tan fuerte, más porque los últimos años más que ola de calor, hemos sufrío ola de frío. Solo diré que dormíamos con mantas! No puedo suavizar el clima, pero si puedo hacerlo más llevadero ofreciéndos la reflexión del mes, y es que esta semana toca ofreceros las secciones fijas. Y como anda siendo tradición, empezamos con el Hedwigan Vission.
Que sin más preámbulos, os dejo la imagen en cuestión:
Hedwigan Vission. Capítulo 81
En esta ocasión no incluyo ninguna autoría, ya que ni la he sacado de un pensador/filósofo/famoso ni he tenido ninguna propuesta de algún Hedwiniano, así que he recordado que hay un hotel que como reclamo va incluyendo frases y siempre me han llamado la atención, y en el momento que elaboro esta reflexión es la que tiene... Pues nos hemos animado a incluirla.

Me impactó ya que fue una semana para mi de imposibles y que además analizando profundamente, tiene mucha razón. Todos estamos capacitados para hacer cualquier cosa factible y que nos hayan criado de que es una meta alcanzable, pero en cambio en los imposibles no y ahí reside la magia.

Para mi este detalle me demuestra si estamos delante de una persona interesante o por contra, un borrego que ante el primer problema o hundimiento, cae. También es un termómetro perfecto para la sociedad el ver si está sana o no. Es algo que todos nos enfrentamos en ocasiones (o diariamente) y que cuando llega ese punto de rebeldía, es emocionante.

Yo soy de esas personas cabezotas que por mucho que me digan, sigo caminando y avanzando si veo factible la solución. Ya os lo he comentado en otras ocasiones que en el ámbito estudiantil me sentí muy poco valorada y en especial tengo una anécdota que casa muy bien con la frase de hoy, así que la comparto con todos vosotros. En el segundo año de secundaria, mi camino se cruzó por primera vez con una de las profesoras más estrictas y temidas. Daba una de las asignaturas que a muchos les disgusta pero que en cambio a mi me encantaba hasta esa fecha: las matemáticas.

Tenía un método de trabajo muy diferente al que me había topado hasta la fecha y mientras mis compañeros si habían tenido la desgracia (o la suerte visto el panorama) de conocerla y haber sufrido esa manera de enseñar, se sabían manejar muy bien. Yo en cambio, fue un shock y un no saber como actuar. El final del primer trimestre llegó y esa mujer tenía el puesto de vigilancia en los pasillos cuando se van a recoger las notas, así que me capturo y me dijo literalmente: "Has aprobado por los pelos, pero como no creo que te lo merezcas, te he suspendido. Y como castigo, te espero cada tarde en la clase de recuperación". Cabreo fue poco, además de humillante, ya que por las clases tenía claro que me consideraba inferior y si no estaba en esa categoría, estaba cerca de la etiqueta de tonta.

Me podía haber hundido, pero no lo hice y me planteé demostrar que estaba muy equivocada. Y bien que lo conseguí. Ese trimestre aproveché para coger el ritmo al programa de geometría que tantos mal de cabezas me había provocado, a empezar a poner en serio en adaptarme a ese sistema de aprendizaje e incluso gané tranquilidad porque los ejercicios de las clases diarias se podían hacer ahí, así que encima avancé e incluso ese trimestre me quité muchos de los trabajos del año en matemáticas. El resultado final fue de lo mejor de mi carrera educativa en esa asignatura.

Años después, me encontré en la sala de informática a esa profesora y junto al profesor que me llevaba en ese momento, soltó: "A esta chica cuídamela mucho. Cuando la conocí no daba ni un duro, pero vi como se esforzaba y la voluntad que le pone a las cosas, y entonces pensé que conseguiría lo que quisiera... Hasta viajar a Marte!". Emocionarme fue poco.

Así recordando me ha venido otra anécdota con otra profesora, donde también me sacó un moco las primeras semanas del curso y que se comió sus palabras con patatas, ya que no solo aprobé, si no que saqué las mejores notas de esa asignatura.... Y otras muchas metas que siempre me dieron como imposible y que yo demostré que no lo era.

En ninguno de esos casos frené o me dejé llevar por las opiniones, y con mejor o peor resultado, conseguí demostrar que lo que ellos consideraban imposible, si se podía conseguir. La nueva meta que tengo en este sentido es mi proyecto creativo. En él me he enfrentado a una variedad diferente, ya que hasta ahora en el nuclio familiar si tenía un apoyo, cosa que con este han habido rachas que no es el caso.

Por suerte por mi historial y en especial que me ha demostrado que sirve, he seguido como buena tauro para adelante, y aunque han habido metas que se han resistido más de lo esperado o no ha terminado de cuajar como a mi me gustaría, no me puedo quejar de lo obtenido por el momento, e incluso tal como va creo que lo que esperaba si es posible.

Uno de estos puntos que por redes sociales ya he adelantado pero por aquí prefiero esperar a mencionar, está relacionado con la foto que os he adjuntado. Tenía un imposible que después de años gestando, va viendo la luz. Ahora mismo mientras escribo quien anda liado con él es mi buen amigo Alex. Otro ejemplo de conseguir gestas difíciles, ya que con 18 años escribió su primera novela, La curva de tu sonrisa, una meta que a su edad muchos ven una equivocación o fracaso y engaño a los escritores jóvenes, él ha demostrado que si es factible y se puede tener éxito.

Así que chicos, no penséis solo en cosas imposibles, si no que poneros manos a la obra y haced que se materialicen.

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