jueves, 4 de junio de 2015

Hablemos de... Respetar la opinión del otro

Muy buenas, Hedwinianos! El martes mientras andaba preparando el Comunicado Hedwiniano de este mes, me di cuenta que tenemos un deporte favorito y que a pesar de que muchas veces no queramos verlo, seguimos cayendo en los mismos errores. Me hizo despertar unos sentimientos y pensamiento que finalmente me he animado a compartir en un nuevo Hablemos De.
La cuestión como bien indica el título es simple: respetamos la opinión del otro? Hasta que punto la libertad de expresión es factible y no nos metemos en terrenos pantanosos? Con la pitada que tuvimos en la Copa del rey ha vuelto el debate a mi ser, pues aunque es cierto que tu libertad termina donde empieza la mía, en los últimos años he ido observando que es algo más profundo y que incluso aunque nos queramos engañar, el querer llevar a la gente a nuestro terreno sigue siendo habitual.

Y es que nos han educado para ello: llevar nuestra forma de ver la vida por encima de las demás opiniones, sin escuchar y ni siquiera plantearnos si lo que hacemos es correcto o no. Este hecho hace que en los debates con personas con ideologías dispares, estemos presentes en bucles infinitos, donde ninguno va a dar su brazo a torcer y, o termina de malos modos con enfados, o se termina la frase de: "respeto tu opinión, pero no la comparto". Esta frase es la que siempre me ha chirriado, pues los actos y formas que acompañan estos hechos demuestran que no es tal.

Quizás uno de los puntos que ayudarían y que tiene la clave es que aprendamos a ser empáticos de verdad. Hace unos días tuve el honor de escuchar una charla sobre la diferencia de simpatía y empatía, hecho que comparto bastante. En ella se dejaba entre ver que la definición actual de empatía no podemos aplicarla sin ponernos los zapatos del otro, pues no sabemos las vivencias y lo que en ese momento está sintiendo si no hemos pasado por una misma situación. Si es cercana nos podemos hacer una idea, pero exactamente no podemos saber que anda sintiendo y pensando esa persona. Con lo que cualquier juicio que realicemos será injusto.

Ahí entraba en que nos hemos acostumbrado a ser simpáticos, en aparentar y más que apoyar a la persona, guardar la distancia y tener mucha hipocresía. Si se empatiza, muchas veces no se sabe que decir, simplemente es un gesto de que andas ahí y que emocionalmente le apoyas, pero que no puedes saber la situación que anda viviendo y no puedes dar ánimos o "no te quejes, que al menos tienes X cosa a cambio".

En el terreno online, el tema de respetar veo que se lleva muy poco y es donde peor veo aplicable las cuestiones. El anonimato o no tener a la persona en directo parece que nos enciende, realizando acciones muy violentas y que si se analizan profundamente, algunas pueden llegar al acoso. Es por tanto estos casos donde me pregunto: es de verdad libertad de expresión o estamos abusando de este medio?

Es por ello que ando realizando en los últimos tiempos dos conductas: la primera es pasar e ignorar todo comentario que no me guste. Ojo, hablo de ignorar, no de borrar o disimular. Si alguien es feliz haciendo SPAM, insultándome o dando su opinión, es libre de hacerlo, pero no voy a perder ni dar ni un segundo de mi tiempo a cuestiones estériles. Es lo que he aprendido que todo enfado, frustación o de estar horas filtrando comentarios, no tiene sentido. Lo mejor es centrarnos en lo que nos gusta y si algo no estás de acuerdo, no existe y punto.

Y segundo, el no imponer mi visión. A quien veo muy radical sería la primera opción ya mencionada, pero si observo que alguien si está abierto a escuchar y hablar, planteo mi opinión al respecto. Si recibo una respuesta afirmativa sigo, pero si veo que anda encerrado y que por no asumir que puede equivocarse no cede, pues dejamos ahí la conversa, pero sin esa coletilla tan irriente y que tal como se ha utilizado, es con sorna. Quedan los puntos expuestos, nos llevamos la información y con el tiempo y la maduración ya iremos integrando y pensando en que quizás los dos teníamos razón y que hemos integrado y evolucionado.

Finalizando mis pensamientos, todo esto me hace pensar en un punto final: lo que de verdad debemos de hacer es terminar con los radicalismos y ser neutrales de verdad.

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