lunes, 15 de diciembre de 2014

Trash, ladrones de esperanza.

Buen lunes, hedwinianos! Ayer tuvimos una reseña y vídeo reseña, pero lo cierto es que aunque no lo he comentado, antes de Los pingüinos de Madagascar disfruté de otro film que por la falta de tiempo me ha ido tocando atrasar, pero considero que ya no puede atrasarse y por ello, hoy hablamos de Trash, ladrones de esperanza.
Es un film que inicialmente no me llamaba nada la atención, pero tras ver uno de sus trailers en el cine, me cautivó y decidí que tenía que verla si o si. En especial lo que terminó de convencerme es que detrás de este proyecto estuvieran los responsables de Billy Elliot, película que me enamoró en su momento.

Como en el film del joven bailarín, encontramos una cinta con toques humildes, donde se muestra la crudeza de las clases bajas y que no lucha con sorprender con grandes efectos o planos trabajadísimos. Su encanto es la trama argumental o mejor dicho, el mensaje que quieren transmitir. Esto unido a la identificación con sus personajes, la convierten en una cinta muy humana.

Además el momento de salir en España no puede ser mejor, pues a pesar de algunas diferencias, el tema de la corrupción lo tenemos tan latente que nos sirve de lección y de puesta al día. Transmite muy bien este mal y que si queremos ponerle solución de una vez por todas, la actitud cómoda y de esconder la cabeza debado del suelo no nos sirve, siendo la acción la única manera de ponerle freno. En especial impacta este film por ver extremos tan diferentes de riquezas, indignando que se permita, pues aunque es ficción, la realidad se acerca peligrosamente.

Otro aspecto que vemos es el papel que juega la religión, pues el país donde trascurre la historia es Brasil, lugar con mucha devoción cristiana. Aquí me gustaría destacar que se ve la iglesia que todos deberían ser, la que es humilde y anda al servicio de la gente. Por el enfoque del film, me atrevo a considerar que es un tributo a todas las ovejas negras que hacen tanto pero que la curia hasta hace bien poco a escondido y pisoteado.

En conclusión, no estamos delante de un film bestial y que encante visualmente, si no que tenemos una cinta protesta y que debemos ir abiertos a escuchar y a tener la mente abierta para reflexionar. En especial sirve para ver que no es solo nuestro país, demostrando que el sistema falla mucho más hondo y terminando ya, a todos los que os conquistó Billy Elliot merece que le deis una oportunidad.
Trash. Ladrones de esperanza

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