lunes, 23 de septiembre de 2013

Hedwigan Vission. Capítulo 57

Este fin de semana con motivo de la publicación de su último libro, entrevistaron en un programa de televisión a Eduard Punset. Una de las personas del terreno científico que para mi están muy evolucionadas con lo que enseña y predica y que me gustó tanto su filosofía, que esta semana he querido dedicarle el Hedwigan Vission a él.
Habló de las emociones y en concreto del concepto de la felicidad, pero buscando algunas frases célebres de él por la red, vi la siguiente y aunque es otra temática, me ha gustado tanto que la quiero compartir con vosotros y si un caso, otro día buscaremos alguna frase relacionada con lo que comentó este fin de semana. La frase en cuestión es:
HV 57
Ya sabéis que ando muy comprometida con el sector animal (animalista no me termina de gustar etiquetarme pues el sector radical en especial no estoy a favor de como defienden o el discurso utilizado) y por ello tuve claro que tenía que ser en esta ocasión esta frase la escogida. Y más porque tengo este mismo sentimiento que transmite Punset.

Como os digo su trabajo está muy centrado en las emociones o mejor dicho: la inteligencia emocional. Y en ese terreno los mejores profesores que podemos tener son los animales. Porque son reflejos puros, sin maldad ni mala praxis y en todo momento son sinceros, viviendo através de sus emociones: si tienen miedo, están tristes, contentos... En otras reflexiones ya os lo he manifestado esto, pero es que para mi lo mejor sin lugar a dudas que podemos hacer es aprender a ver la vida con los ojos de ellos.

A dejarnos llevar, permitirnos el lujo de sentir, aprender a ser empáticos... Hay muchos ejemplos, pero quizás uno de los más extendidos es el de un perro salvando a otro atropellado, o el gato que reanima y llama la atención para que auxilien a su compañero. Una persona que aprecio defiende que la empatía es el peor don o la peor cualidad que podemos desarrollar, animándo a que desaparezca... Pero cada vez tengo muy claro que ese no es el camino y que esa filosofía solo tiene un fondo: mirar el lado egoista de no sufrir.

Cuanto más profundizo en el mundo de los loros, veo como está montado el tinglado y veo la profundidad y trasfondo que tienen estas bellas aves, cada vez tengo más claro que la ignorancia es un bien muy preciado para nuestras conciencias. Como no sabes, te crees el mejor y lo fantástico que eres, pero cuando profundizas y ves los errores, pero sobretodo como os digo, el trasfondo de todo... Empatizas con la causa y ya no puedes ver de nuevo ese asunto con la visión antigua. Pues esto, es lo que creo que la empatía nos da: es una herramienta con mucha responsabilidad a nuestras espaldas, que tiene sus partes buena pero también como he narrado, sus malas. Hay veces que lamentas que no haya una posibilidad de resetear, aunque si miro la balanza general, tampoco me arrepiento de haber tomado este camino.

Quién le da la oportunidad a un animal, aprende una gran lección que el ser humano parece que hace tiempo que olvido: a no juzgar. Ellos no van a ir con prejuicios y si estás dispuestos a escucharlos, son los más agradecidos en interactuar y dar muchas cualidades positivas que tampoco conoce nuestra especie: amor verdadero y fidelidad.

Cada vez tengo más claro que no aprendemos a ser buenas personas con los de nuestra especie, si no que nuestros maestros en este menester son otros: todo el reino animal. Y es por ello, que nuestro deber en cuidarlo y velar por su bienestar es una obligación, porque son pequeñas joyas vivientes de las cuales cada día si se les da oportunidad, te enseñarán grandes lecciones.

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