miércoles, 7 de septiembre de 2011

El hábito no hace al monje

En la última etapa de este blog ha sido más recoger cosas que me llaman la atención, explicar alguna actividad que he hecho o promocionar algún evento/curso que he considerado interesante, siendo una forma de apoyarlos.
Pero este blog su esencia y lo que debería haber sido es un blog de reflexiones, ya fueran cosas que me gustaran o protestas. Siempre busco temas y no terminan de gustarme, pero hay un hecho que en los últimos años y enconcreto este último que al mi alrededor se va repitiendo y me gustaría dejar reflejado, la discriminación física.
 Es un hecho que siempre me ha chirriado, de la cual siempre he sido rebelde y que también por ello me he ganado algún que otro tope. Entiendo que siendo tanta gente hayan normas e incluso de salud, que en algunos trabajos de cara al público haya que mostrar habilidades sociables, pero lo que nunca entenderé es a forzar a la gente a cambiar a alguna cosa que no son.

Desde pequeña he sido anormal: no me gustan las muñecas, no soporto las faldas y no puedo ver el maquillaje. Recuerdo que una vez en la escuela el grupo de chicas que cumplían estos requisitos me paró y me preguntaron por què no vestía de forma normal, a lo que yo contesté: "y para ti que es lo normal? Vestir en invierno con una camiseta fina, enseñando la barriga, arrastrar los pantalones y llevar esas plataformas?". Sin duda ese día fue mi revolución de pasar de la gente y ser yo, digan lo que digan no pienso cambiar y sentirme mal para ser aceptada, si la gente me quiere, me debe aceptar como soy y con mis gustos... Pero me hice mayor y vi de nuevo esta injusticia en el mundo laboral.

Es increible que teniendo gente preparada, por el simple hecho de su aspecto físico o estilo sea descartados. Ya he comentado en mi reflexión inicial que acepto ciertas normas y que son necesarias, pero porque una mujer debe de ir maquillada o depilada, cuando a un hombre no se lo piden como condición de trabajo? O porqué un hombre con el pelo largo no puede trabajar y se le exige que si quiere ser contrarado, se lo tiene que cortar? Y ya no oso meterme en el terreno de la discriminación por zona de procedencia (no sólo hablamos de imigrantes, entre nosotros también nos ponemos pegas), color de piel ni similares pues no terminaríamos nunca esta entrada, aunque si incluye junto a los demás la siguiente reflexión: ¿de verdad que cumplir estas exigencias te hace más apto para un trabajo o te hace mejor persona? ¿No deberíamos de valorar más la esencia, la sabiduría y lo que puede aportar esa persona a la empresa o si hablamos de términos personales, lo que podemos compartir con ella?
¿Oler a Channel nº5, vestir de Gucci y llevar kilos de maquillaje me hace estar más cualificada para atender a personas, realizar una web/creación digital, arreglar un ordenador o hacer una comida exquisita?

Qué más da como sea una persona físicamente, lo que lleve puesto y le guste llevar, su condición, su procedencia, y un largo etcétera, lo importante es lo que aporta, si es eficiente en el trabajo, si puedes confiar en ella y en terrenos personales añadiría: si esa persona te hace estar bien, disfrutar cuando estás con ella y que en los momentos duros nunca falle.


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